El “Peñón de Ifach”, símbolo de la Costa Blanca, se alza en el mar como roca calcárea de unos 50.000 m2  a 332 m. de altura y un kilómetro de longitud. Unido a tierra por un estrecho istmo, es producto de un deslizamiento de la cercana “Sierra de Oltà” constituyendo uno de los accidentes geográficos de mayor singularidad y belleza de todo el litoral mediterráneo.

Es uno de los espacios naturales más visitados, punto de encuentro de submarinistas, escaladores y senderistas.   

El recorrido consta de unas 2h y 30 minutos de duración y comprende 2 tramos.

El primer tramo llega hasta un túnel de unos 30 metros, construido en 1918 para poner fin a las peligrosas escaladas. Discurre por una senda bastante regular en la que encontraremos dos miradores; el de Poniente y el del botánico Cavanilles, con preciosas vistas sobre las playas y calas de poniente. Entre lavandas y pinos que crecen de manera casi horizontal por efecto del viento atravesamos los restos del poblado ibérico (S. IV a.C.).

Por el interior del túnel acondicionado con maromas de cuerda para evitar resbalones, llegamos a la parte de Levante, donde encontramos esparto, romero, sabinas y enebro. En este momento se estrecha la senda y se inicia un tramo más complicado por la pendiente y el relieve que nos lleva hasta la cima y que merece la pena recorrer para tener la sensación de tocar el cielo con la mano y disfrutar de las espectaculares panorámicas sobre el Mediterráneo que en los días más claros alcanza hasta la isla de Ibiza.

En el Peñón de Ifach, se han establecido diversos poblados desde tiempos remotos. En la ladera occidental hay constancia de un poblado íbero, en época romana la población descendió al istmo y durante la Edad Media vuelve a haber indicios de ocupación de las laderas, destacable la Pobla Medieval de Ifac, del siglo XIII, hasta que finalmente ante los ataques por mar, sus habitantes descendieron al pueblo y crearon un nuevo sistema defensivo. El peñón ha sido propiedad de varios particulares hasta que en 1987 pasó a ser propiedad de la Generalitat Valenciana que lo declaró Parque Natural.

Su vegetación ha sido estudiada desde 1971 en tiempos del botánico Cavanilles y son cerca de 300 las especies que conforman la comunidad vegetal con importantes endemismos valencianos considerados entre los más amenazados de la flora ibérica. En la fauna destaca la presencia de aves como el halcón Eleonor o el cuervo marino, con unas 80 variedades en total considerando las migratorias, errantes y nidificantes.

Entre la fauna y flora marina que albergan en sus acantilados, destacamos los líquenes, algas, poríferos y peces diversos, con una importante presencia de coral mediterráneo y una importante comunidad de algas que son indicador del buen estado de las aguas.